periodista Jorge Armando Rocha

Lo que no se revoca se ratifica, en ese sentido el próximo 10 de abril el presidente Andrés Manuel López Obrador será ratificado en su mandato que culminará en 2024.

Quienes participamos en el ejercicio habremos de abrir brecha y dejarle como herencia a las próximas generaciones un poderoso instrumento para remover o ratificar a próximos presidentes o presidentas.

Algunos piensan que no era necesario activar el mecanismo en estos tiempos dada la alta aprobación que tiene López Obrador, pero si no era ahora, sería nunca. Si hoy, que el presidente quiere que se lleve a cabo la consulta, los conservadores y el INE le han puesto tantas trabas, imagínense con la oposición presidencial, el ejercicio sería en la práctica irrealizable.

En futuros sexenios un presidente o presidenta corrupta no podría argumentar que el ejercicio de revocación es constitucional pero que no se puede materializar por su complejidad. ¿Cuántos derechos no consagra la Constitución pero que suelen ser letra muerta?

Por eso, a partir del civismo, habremos de elaborar una carta de navegación de democracia participativa. De ese tamaño es la aportación democrática que millones de mexicanos y mexicanas conscientes dejaremos.

Así pues quienes participamos en el ejercicio activaremos un poderoso mecanismo que podrá acotar al ejercicio arbitrario del poder presidencial. Seis años de un mal gobierno es una eternidad que podrán ser truncados si la mayoría lo considera necesario. Es entonces un verdadero mecanismo de rendición de cuentas.

Adicionalmente, en este caso particular es inocultable que además del legado democrático, millones de mexicanos quieren mostrarle su apoyo a López Obrador en medio de una intensísima embestida a la que ha sido sometido desde el primer minuto de su gobierno.

Si los adversarios conservadores de López Obrador han convocado, desde la cúpula neoliberal, a hacerle el vacío al ejercicio participativo es porque prevén un resultado favorable para el presidente. Es indudable que si lo tuvieran ante las cuerdas buscarían rematarlo el 10 de abril, pero como no es el caso optan por despreciar el ejercicio e incluso en su desesperación por insultar a los participantes. Ese insulto debería representar una motivación adicional para redoblar el esfuerzo y asistir a votar a pesar de navegar contracorriente.

El árbitro, INE, no ha ayudado como debería en este proceso. Todo partió de un berrinche porque los consejeros y consejeras, comandados por Lorenzo Córdova, consideraron que este 2022 debían cargarle más la mano a los contribuyentes y al no obtener el cuantioso caudal de recursos públicos que proyectaron para eludir la austeridad, primero pausaron el ejercicio y luego plantearon que lo harían a regañadientes con lo que ellos consideran justo y funcional, sin embargo es lesivo para la sociedad, la tercera parte de casillas.

Peor aún, en medio de la falta de imparcialidad, el INE ha funcionado como un censor contra el presidente y representantes de la 4T mientras del otro lado deja correr las patadas y faltas notorias de los adversarios.

El daño que los consejeros le han hecho al INE es incalculable y provoca la urgente necesidad de una reforma electoral integral que reconfigure al árbitro y provoque que sea un garante de elecciones y consultas participativas democráticas y justas.

En ese diseño, los consejeros deben dejar de responder a cuotas partidistas para convertirse en garantes de la democracia, no de los intereses de facciones conservadoras.

Por lo pronto, AMLO camina hacia la ratificación de su mandato y no es lo que decidan unos pocos desde el INE, sino la voluntad mayoritaria.

Autor:

Periodista. Jorge Armando Rocha

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