La polémica en torno al proceso de elección de Consejeros Estatales de Morena ya es tendencia en las redes sociales y tema de reflexión, debate y guerra sucia en los medios masivos de comunicación. Era de esperarse que ello sucediera si tomamos en cuenta que morena es el partido gobernante en México y que impulsa un programa de reformas que busca la justicia social, la desaparición de privilegios y el empoderamiento del pueblo, y que los intereses que afecta quieran aprovechar esta situación para demeritar al partido y su programa.

Este programa choca con muy fuertes intereses creados y arraigados por décadas en las que estuvo vigente el modelo neoliberal y con formas de pensar y de entender la política congruente con ese modelo, y que permearon en todas las capas sociales. La política, como todo en el neoliberalismo, también se mercantilizó y hasta el más humilde ciudadano incursionaba en el “mercado de la política mexicana” poniendo a subasta sus derechos políticos y hasta su dignidad en busca de un beneficio personal. El voto se transformó en moneda de cambio para obtener algún beneficio en efectivo o en especie. Lo de menos era a qué proyecto político dicho voto serviría, lo importante era cuánto se podía obtener a cambio de él con tal de mitigar un poco la pobreza a la que, hay que decirlo, el mismo sistema neoliberal los arrojó.

Estas formas de pensar y practicar la política se fueron arraigando en el sentido común de millones de mexicanos hasta convertirse en una práctica normal, en parte de la cultura política no sólo de aquellos que venden su voto, sino de aquellos que, aprovechándose de la situación, compran los votos de la gente para sus objetivos políticos.

Esto viene a colación porque en la elección interna de consejeros de Morena, estas prácticas hicieron acto de presencia con gran fuerza estimuladas por una convocatoria que abrió de par en par las puertas de Morena para que el pueblo participara, en teoría libremente, en la renovación de las estructuras de dirección del partido. Era de esperarse que, dada la existencia y arraigo de estas prácticas mercantiles asociadas a procesos electivos, éstas se harían presentes en la elección interna de Morena.

En las redes sociales circulan profusamente videos e imágenes de operativos de acarreo de ciudadanos, mayoritariamente de condición humilde, a los centros de votación instalados por Morena. Son actos vergonzosos que indignan con toda razón a los militantes auténticos de este partido. Sin embargo, se observa también una tendencia intencional de hacer aparecer este proceso como “un cochinero”, como la expresión de que Morena es “más de lo mismo”, de que esto “ya se pudrió” y de que “no hay nada qué hacer” como no sea regresar a la apatía y la inmovilidad política.

Me parece que es necesario juzgar las cosas en su real dimensión, lo que a veces resulta un tanto difícil ya que lo que prevalece en la información es precisamente el aspecto negativo, el acarreo, la manipulación, la compra de voluntades. Pero como sucede con todo lo que nos rodea, la verdad de las cosas siempre se encuentra detrás de las apariencias y es preciso hacer estas apariencias a un lado para comprender la esencia de las cosas y formarnos un juicio más objetivo de la situación.

No se trata de negar la existencia de prácticas corruptas que nada tienen que ver con la oferta de Morena, sino de entender por qué es que éstas prácticas se hacen presentes en este partido y si su presencia es suficiente para decretar su final. En primer lugar, hay que considerar que Morena es un partido con una vida aún muy corta y adolece de muchos de los atributos que su estatuto consagra. Pero la construcción de un partido, como la formación de una nación o simplemente el echar a andar un negocio, es un proceso que atraviesa por distintas etapas en las que el proyecto, sea partido, nación o negocio, avanza, en ocasiones y debido a múltiples factores con lentitud, hacia objetivo deseado.

La brevedad de la vida hasta ahora de Morena es entonces un factor que explica el por qué los atributos éticos y políticos que le dan forma al objetivo de partido al que se aspira, aún no se alcanzan en su totalidad. Se requiere de tiempo (y mucho trabajo) para que maduren.

Otra cuestión a considerar es que los procesos se dan siempre en un contexto determinado. Lo mismo que la formación de una nación o la puesta en marcha de un negocio, la construcción de un partido se da en una realidad específica que determina al proceso. En el caso de nuestra realidad, hemos señalado ya como es que el neoliberalismo fomentó una cultura política de fraude, de la mercantilización de la política que influye en el comportamiento de la mayor parte de los ciudadanos. Esto explica que entre los integrantes de Morena aún subsistan personajes y prácticas políticas que obedecen más bien a la vieja cultura política que a los principios del nuevo partido. Aunado a ello, el meteórico ascenso de Morena hasta convertirse en un partido que gana casi todo y que lo ha convertido en la joya de la corona para grupos políticos que no ven en los partidos de oposición posibilidad alguna de hacerse de una parcela de poder, constituye una mezcla explosiva en la que la ambición de algunos se vincula con el pragmatismo y la necesidad de otros para hacer posible la compra de voluntades, el acarreo y demás prácticas fraudulentas.

Entender entonces que la construcción de Morena es un proceso en marcha, nos previene de caer en el error de concluir que “está podrida”, que “es lo mismo que todos los demás partidos” y “que ya no hay nada que hacer”. Es como si en la formación de una nación, ante las dificultades en su proceso histórico, sus habitantes se dieran por vencidos y dicha nación colapsara. En el caso de nuestra nación, nuestra historia da una vasta colección de acontecimientos históricos en los que su formación se vio comprometida: guerras intestinas, revoluciones, golpes de estado, traiciones, invasiones, en fin, acontecimientos que a muchos llevaron a la frustración, a pensar que todo estaba perdido, pero que a muchos otros los llevaron a perseverar para seguir avanzando hacia el objetivo de formar una nación independiente. Y aquí estamos, luchando por ello todavía.

Morena no “está podrida” ni “todo se ha perdido”. Sí, es cierto, hubo compra de votos, hubo acarreo, hubo corrupción, pero también es cierto que cientos de miles de militantes acudieron por convicción y eligieron como sus representantes ante los órganos dirigentes del partido, a personas auténticamente comprometidos con la causa de la 4T. Ahí donde los militantes se organizaron, lograron triunfar y derrotar a los corruptos, los arribistas y falsos morenistas. Es pronto aún para hacer un balance completo, pero por lo mismo, no se puede dar paso, de ninguna manera a las pompas fúnebres de Morena.

Por el contrario, Morena cuenta con la simpatía y el apoyo de millones de mexicanos, cuenta con un Gobierno que es merecedor del respeto y simpatía de la mayoría de la población como lo demuestran todas las encuestas y cuenta además con millones de militantes honestos y comprometidos con la 4T. Hace falta consolidar al partido e ir erradicando las prácticas viciadas heredadas del régimen anterior, para lo cual no caben ni la desilusión, ni el derrotismo, sino la perseverancia y el coraje que ha caracterizado a los verdaderos protagonistas de la historia, y que deben caracterizar a los protagonistas del cambio verdadero. Quien no tenga estos atributos, no tiene lugar en esta proeza histórica que es la 4T.

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