António Guterres hace un llamamiento a la paz en una ONU desfasada e impotente   

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Antonio Guterres, Secretario General de la ONU

Con miles de muertos, la falta de asistencia sanitaria y la violación sistemática de derechos humanos en los conflictos armados activos, sus palabras son más retórica que realidad

En un año marcado por la continuidad de la invasión rusa de Ucrania y el conflicto en Gaza donde Naciones Unidas se ha demostrado impotente para frenar la escalada bélica, su secretario general , António Guterres ha instado a la comunidad internacional a hacer del 2024 “un año en el que se fomente la confianza y la esperanza en todo lo que la humanidad puede conseguir unida”.

En su mensaje de Año Nuevo de este jueves, António Guterres lamentó la aflicción que asola a la gente en todo el mundo tras un 2023 de “enorme sufrimiento, violencia y caos climático”. “Nuestro planeta está en peligro. 2023 es el año más caluroso jamás registrado”, recordó. Además, la pobreza y el hambre ganan cada vez más terreno, asfixiando a mucha gente y las guerras son más numerosas y cruentas que nunca, dijo.

La unidad como solución

En un discurso que sonó más a súplica que a realidad, Guterres destacó que “la solución no está en señalar con el dedo ni apuntar a nadie con un arma. Los problemas se pueden resolver con voluntad y unidad”.

En el mismo tono retórico de buscar consenso para desencallar los conflictos armados a nivel mundial pero que las partes implicadas hacen caso omiso una y otra vez, el secretario general de la ONU hizo hincapié en que “la humanidad es más fuerte cuando todos estamos unidos. El 2024 ha de ser un año de restauración de la confianza y la esperanza. Debemos salvar nuestras diferencias en aras de soluciones comunes”, subrayó.

Palabras que caen en saco roto

Cuando observamos día tras día los efectos del cambio climático en cualquier lugar del mundo con danas cada vez más frecuentes, terremotos, huracanes o sequías nunca vistas, Guterres destacó también la importancia de reforzar la acción climática y de crear oportunidades económicas y un sistema financiero mundial más justo para todos. A tenor de las últimas cumbres del clima fallidas donde más que acuerdos, son declaraciones no vinculantes, no parece que la comunidad internacional vaya a hacerle, lamentablemente, mucho caso.

En su discurso, también ha “invitado” a combatir la discriminación y el odio que “envenenan” las relaciones entre países y comunidades: “son otros de los lastres que debemos combatir”. En un mundo donde la extrema derecha gana adeptos, y con ellos, accede a gobiernos como el de la República Argentina con Javier Milei o la amenaza latente del regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos por poner dos ejemplos, se antoja complicado. Y ya en España, el Partido Popular del “moderado” Núñez Feijóo se ha abrazado, para gobernar ayuntamientos y comunidades autónomas, a las tesis negacionista de la violencia machista, abolicionista de los derechos LGTBI y normalizado los discursos de odio contra los inmigrantes de la extrema derecha de Vox.

En pocas palabras, la extrema derecha ha llegado a las instituciones para quedarse; cuenta con la complicidad de la derecha tradicional, con recursos públicos y medios de comunicación afines desde donde propagar su ideario incendiario que atenta generalmente contra los derechos humanos de las personas.

Finalmente, António Guterres refrendó la intención de la ONU para seguir trabajando: “Las Naciones Unidas seguirán movilizando a todo el mundo a favor de la paz, el desarrollo sostenible y los derechos humanos”. “Les deseo un Año Nuevo lleno de paz y felicidad”, concluyó el Secretario General.

Si no fuera por las guerras de Ucrania y por los reiterados pero fallidos llamamientos a un alto el fuego en Gaza para garantizar la asistencia humanitaria y sanitaria a la población civil, el discurso de Guterres podría ser creíble. Lamentablemente, el máximo representante de Naciones Unidas, no ha hecho más que expresar un deseo que ni siquiera es capaz de cumplir en ninguna de las ultimas resoluciones del Consejo de Seguridad del organismo que preside.

Ya sea por el veto de Rusia o de Estados Unidos, cualquier intento de desencallar por la vía diplomática los conflictos armados activos ha sido inmediatamente desactivado. Los más de 22.000 fallecidos y 50.000 heridos en Gaza, o los 9900 civiles muertos en Ucrania, según cifras de la propia ONU, dan un baño de realidad y hacen que las declaraciones de Gutérres, se queden solo en eso, en palabras, solo palabras.

Si Naciones Unidas se demuestra impotente frente a las guerras e incapaz de asegurar la paz, objetivo con la que nació allá por 1945 una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, quizás 2024 debería ser el año donde la comunidad internacional debería replantearse su existencia y razón de ser, porque así tal cual está solo es una mega institución de debate, desfasada y anquilosada.

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